Estuve hablando del sentido de la vida y como no tengo grandes nociones filosóficas del asunto, me encontré pensando en ello desde mi punto de vista. Llegué a la conclusión, tal y como corresponde a mi edad, de que la vida no tiene sentido. Parece ser que es la conclusión a la que se suele llegar, pero como esta es mi conclusión, voy a razonarlo, solo por dar la lata y aburrir al personal.
Llegamos a la vida por razones que nada tienen que ver con nosotros, nos lanzan a vivirla por motivos diversos, mantener la especie, el reloj biológico de alguien, el arroz pasado de otro o un enorme error de algún anticonceptivo. Nada que ver con el sentido o mi propio deseo de encontrarlo.
Seguimos avanzando por esa vida prestada durante la infancia, y nuestros progenitores (en el mejor de los casos), manejan el cotarro sin que podamos decir si esa vida tiene o no algún sentido para nosotros.
Si tienes suerte, estudiarás para prepararte cara al futuro, tan incierto y lejano como carente de sentido, pero parece ser que necesario porque el mundo obliga.
Y así llegamos a la adolescencia, adolescentes granulosos en proceso de expansión, etapa espantosa donde la familia que te amparó, ahora es el enemigo, donde nada de lo que ves te gusta, donde el mal humor es el rey y donde solemos juntarnos en extrañas manadas que nos hacen más locos si cabe, pero sin las que non podemos vivir. Es ese momento en que aprendemos las cosas más interesantes, pero no estamos para disfrutar de ellas, físicamente estamos en lo mejor de la vida, pero no nos gusta ni vernos.
Llegamos a la edad adulta y el asunto adquiere un sin sentido mayor. Desearíamos disfrutar y tenemos que trabajar, desearíamos ser únicos con el universo y nos emparejamos, todo para tener una familia, hijos, perro, casa y coche…. Todo muy lógico.
Llegan los hijos, el gran sentido de nuestra existencia, y comprobamos que, deseando ser unos padres buenísimos, nunca podremos hacer que nuestros errores les sirvan de advertencia y ayuda. Sabiendo lo que viene, los vemos llevarse los mismos golpes que quisimos evitarles.
Después de que generación tras generación hayamos hecho el mundo, nos hacemos viejos y en vez de vivir tranquilos, comprobamos, no sin cierto asombro y mucha desilusión, que ese mundo no está pensado para dejar que los ancianos vivan y mueran tranquilos, que lo único que importa es morir pronto y sin molestar… Para completar la paradoja, el personal cada vez es más anciano, los jóvenes nunca se van de casa, los abuelos crían a los nietos, y los adolescentes dominan la sociedad de consumo sin dinero propio. Nada en esta vida tiene sentido, todo esta estructurado como si una mano chiflada cambiara los engranajes para que nuestros deseos del momento nunca coincidan con la realidad que vivimos. Comprendemos que no hicimos miles de cosas que deseabamos y ya no podemos hacer. Y que hicimos miles de cosas que no deseabamos.
Así que como dije al principio “ El sentido de la vida es que no lo tiene” .